02/07/2006

Extraña noche

Se inaugura la muestra de un pintor, un maestro consagrado, que ha vivido durante muchos años en Colombia, pero ha nacido en Perú. La cita es una galería que recibe apoyo económico de diversas empresas, entre ellas la de una entidad financiera muy cercana a mi. Soy invitada de honor (en secreto) porque quien inaugura la muestra es mi compañero. Allí estoy yo con mi cabeza rapada y todos los atavíos que me caracterizan. Llego a la puerta y la gente me mira. En el lugar están todas esas personas que tienen apellidos súper largos o complicados e imposibles de memorizar y reproducir aquí; todas esas personas que, gracias a sus apellidos, no se tienen que preocupar de si llega el sueldo al final de mes; personas que pueden tener años sabáticos eternos.
Luego están los otros. Esos que trabajan en esta entidad financiera y en otras parecidas, y que sueñan con tomarse una foto al lado de los que llevan en el ADN las letras de los apellidos largos e impronunciables. Supongo que para luego verse en las páginas sociales de la revista de turno mientras se hacen las uñas en la peluquería y comentar a las mujeres que están a su alrededor y que poseen "menos suerte que ellas o ellos" (por no haber estado allí, claro) lo "linda" que estuvo la noche y lo "lindos" que eran los cuadros.

La mujer de uno de los personajes con largos apellidos me habla al darse cuenta quien es mi marido. Luego se da cuenta que no muerdo y que a pesar de mi aspecto soy una persona mínimamente educada. Se ríe conmigo. Está disfrutando de mi conversación y veo como hay una lucha entre su cara y su espíritu. Así que para que siga siendo fiel a sus leyes rígidas, por pertenecer a aquella casta alta de apellidos largos e impronunciables, le digo que me gustaría ir a saludar al maestro. Ella tiene ojos bonitos. Es una mujer atractiva, pero lo disimula con sus actitud de virgen: madre y esposa abnegada. Y con los mismos ojos claros y bonitos me grita desde adentro de la pupila mientras se va alejando: Mona, la estoy pasando bien contigo! Y la veo DISTANCIARSE en medio de la multitud para pararse al lado de su marido, que ni la determina.

El fotógrafo que cubre el evento me toma fotos si parar. Con boina, sin boina, al lado de un cuadro, abrazada a mi hermano, los dos mirando el cuadro, por detrás para que se vean los diseños que llevo en la cabeza... Me sentía como una especie en extinción, o, en su defecto, una aparición.

Conocía a mucha gente en ese sitio, pero terminé hablando con la anfitriona de la puerta sobre un anillo que yo llevaba en uno de mis dedos. No me pareció buena idea hablarle sobre los cuadros, porque tuve miedo de parecerle una antipática snobista así que dejé que ella llevara la conversación por donde quisiera. Cómo iba a exigirle algo, a la única persona que había decidido acercarse a mi para hablarme? En definitiva, como no hacer concesiones con la única persona fresca que había en todo ese lugar?

El caso que es que he sido como un fantasma. Antes me hubiera incomodado. Antes hubiera llegado a casa seguramente a llorar porque "no existo", porque las personas me marginan. Ahora me importa cada vez menos. Es bueno darse cuenta que no existe un espacio preparado para uno y que la gente no sabe cómo catalogarte, en que compartimento de su cerebro encasillarte.

Digamos que lo único sincero y agradecido de la noche fue la mirada del maestro cuando me acerqué a felicitarlo. Por esa mirada valió la pena, ser fantasma, bicho raro.

5 secretos:

GERARDO dijo...

SEÑORITA HERBE:
ALGUNA VEZ NOS TOPAMOS EN UN BLOG VECINO, LA RECORDE Y AQUI ESTOY VISITANDO.
SALUDOS

Mona Herbe dijo...

Querido Gerardo!

Muchas gracias por venir a visitarme, espero verlo por aquí más seguido.

Le cuento que intenté en repetidas ocasiones entrar a su blog para dejarle un saludito secreto, pero parece haber un problema en el código porque mi máquina se cuelga. De todas formas, seguiré intentando.

Anónimo dijo...

Hola herbe:
muy lindo todo, y verdadero lo que comentas, pero es una terrible verdad.
Pero sabes te conoci y me caistes de lo màs bien, muy linda en lo interior y exterior de tu persona, con tu cabeza rapada y demas.
Sigue siendo como a tí te gusta ser.

Mona Herbe dijo...

Muchísimas gracias (por todas las cosas bonitas dichas), Sr. Anónimo.

Seguiré intentando preservar la esencia. Aunque cueste seguiré con "la cabeza rapá"

Un saludo y sigue visitándome.

Anónimo dijo...

"Es bueno darse cuenta que no existe un espacio preparado para uno y que la gente no sabe cómo catalogarte, en que compartimento de su cerebro encasillarte".

Es incréible como podés transitar del mayor caos y descontrol que pueda existir en el universo a la más estricta obsesión de necesitar buscar límites a todas las cosas.
Por momentos, siento un profundo éxtasis leyendo cada una de las palabras que elegís para que el conjunto de ellas sean, además de una idea, una obra de arte. Me inspirás mucho. Y a veces, esa obsesión por la perfección, con la cuál también me conecto con pasión pero desde un lado más técnico, me desinflan el pecho y el corazón.
Pero me encantó. Y me pude mimetizar en algún jarrón o florero del lugar y seguir atentamente tus movimientos y diálogos como si realmente hubiese estado allí.

Te mando un beso grande,
Luis,

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Acerca de mí

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Colombiana. Caribe. Latina. Terrícola… Aunque puesta a elegir me encantaría ser de algún planeta con varias lunas y anillos de colores. Me mueve todo aquello donde quede claro, ya sea de forma tácita o explícita, que somos el producto de la belleza y la podredumbre. En otras palabras, me interesa lo que somos capaces de hacer como especie y nuestra incapacidad para entendernos, para desentrañar la vida y las reglas profundas que mueven desde la subpartícula atómica más ínfima hasta un taladro gigante capaz de abrir grandes agujeros.